Madrid vivió anoche una de esas tardes cargadas de emoción que solo la Monumental de Las Ventas sabe regalar. Con motivo de la festividad de la Virgen de la Paloma, el coso madrileño acogió una corrida de toros de Araúz de Robles, bien presentados aunque de juego desigual, para un cartel formado por Javier Cortés, José Garrido y el murciano Antonio Puerta, que confirmaba su alternativa nueve años después de aquella grave cornada que le apartó de esta plaza en 2015.
El torero de Cehegín, que llegaba avalado por Javier Cortés como padrino y José Garrido como testigo, fue sin discusión el protagonista de la noche y el más ovacionado por un público entregado desde el paseíllo. Puerta abrió con la muleta una faena de mérito ante Carpintero, primero de su lote, al que toreó con temple y mando, dejando una tanda por el pitón derecho que encendió los tendidos con olés sucesivos. Todo apuntaba a que el trofeo iba a caer de su lado, pero un desafortunado pinchazo a la hora de la verdad -al que siguió una estocada tendida y trasera- le privó de una oreja que el ambiente de la plaza ya daba por segura. Aun así, el toro fue ovacionado en el arrastre y Puerta escuchó una calurosa ovación tras confirmar su alternativa, el mejor premio posible a una tarde en la que se dejó ver el torero de raza que Madrid llevaba años esperando.
En su segundo, el que cerraba plaza, el murciano se topó con un animal parado y reservón que no facilitó el lucimiento. Aun así, el de Cehegín no rehuyó el compromiso y se empleó con la voluntad que ha caracterizado siempre su toreo, despachando a su oponente de una estocada caída que necesitó de dos descabellos. El público, que ya se había rendido a Puerta desde primera hora, volvió a reconocerle el esfuerzo con nuevos aplausos.
El resto de la terna no tuvo la fortuna del confirmante. Javier Cortés, que hizo un buen quite por chicuelinas al primero de la tarde, se las vio con el lote de menor juego y no pasó del silencio en sus dos toros, pese a intentarlo con oficio ante animales protestones y faltos de recorrido. José Garrido, por su parte, dejó detalles de buen gusto con el capote, especialmente en el recibo al quinto, aunque tampoco pudo hacer sonar la música ante dos toros deslucidos, despachando con silencio en ambos.
El tercio de varas fue, una tarde más, motivo de protestas entre parte del tendido, que censuró con pitos que el picador sobrepasara la raya reglamentaria, una polémica que viene arrastrándose desde la pasada Feria de San Isidro.
Con todo, la noche quedará en el recuerdo por la confirmación de Antonio Puerta, que a sus 34 años y tras un largo camino de dificultades, volvió a sentirse torero grande en la plaza más importante del mundo. Cerca de 7.700 espectadores llenaron los tendidos de Las Ventas para arropar a un diestro que, oreja o no, se llevó lo más valioso de la tarde: el cariño y el reconocimiento del público madrileño.
Desde Solo Toros, esperamos y deseamos que este éxito en Las Ventas sirva de revulsivo en la carrera de este gran torero de Cehegín.
























