Era la primera vez que Toni Marín pisaba una plaza de toros de segunda categoría y en ningún momento le pesó esa circunstancia, ni el hecho de que hubiese 5.000 espectadores en la novillada en clase práctica de feria.
Los novillos no se lo pusieron fácil a ninguno de los actuantes, ya que además de la romana y fuerza —dignos de una novillada picada— demostraron falta de clase y entrega, siendo siempre muy brusca su embestida y teniendo que emplearse a fondo los novilleros.
El primer novillero, Guillermo Herrero, de la Escuela Taurina de Palencia, tuvo enfrente a uno de los más complicados novillos y, a pesar de ello, demostró oficio y buen gusto, dejando su actuación en una gran ovación tras la espada.
El alumno de la Escuela Taurina de Murcia «El Toreo», Toni Marín, se ganó al público desde el principio con su entrega y firmeza ante las dificultades expresadas, y al caer su novillo el público pidió con fuerza: el presidente concedió la primera oreja de la tarde.
Pedro Caminero, de la Escuela Taurina de Salamanca, estuvo muy decidido y consiguió una oreja.
Agustín de Antonio, de la Escuela Taurina de Camas-Sevilla, estuvo solvente y cortó una oreja.
José María Rodríguez, de la Escuela Taurina de Moita (Portugal), demostró buen gusto, aunque el fallo con la espada dejó su actuación en palmas.
Óscar Campos, de la Escuela Taurina de Madrid-Yiyo, realizó una faena de torería y buen gusto, y al caer el novillo se le concedieron dos orejas, lo que le valió abrir la puerta grande.
Fdo.: Luis Sánchez Pacheco «Guerrita», Director artístico.

