Segunda jornada de la Feria Taurina del Arroz de Calasparra, con más de media plaza en una tarde de sol que invitaba a otra cosa. El encierro de Aldeanueva llegó vestido de gala pero con poca chicha por dentro: seis novillos de excelente presentación que, salvo excepciones, no quisieron saber nada de embestir. En el cartel, Mario Vilau, Javier Cuartero y el murciano Antonio Aparicio, torero de Torre Pacheco que volvía a los ruedos con ganas de dejar atrás un verano de mucho sufrimiento.

No era una tarde cualquiera para el de Torre Pacheco. Aparicio llegaba a Calasparra recién salido del dique seco tras la cornada que se llevó el pasado 9 de agosto en Blanca, un percance serio: una herida en la cara interna del muslo derecho, con dos trayectorias, que le tuvo casi tres semanas sin torear. De vuelta al campo en Salamanca, entre tentaderos y con un novillo estoqueado que le devolvió las sensaciones, el murciano se atrevió a anunciar su reaparición con las dos citas que tenía marcadas en rojo: esta de Calasparra y la de Villaseca de la Sagra el jueves siguiente, con un encierro de Cuadri. Llegaba, además, con el triunfo reciente del certamen de La Solana como aval de que la rodilla y la cabeza estaban listas.

Abrió plaza una mole de carne que Vilau recibió a porta gayola, entregado desde el primer momento. El novillo no dio ni una embestida de verdad, puso en apuros a los banderilleros y apenas dejó hacer nada con la muleta. Estocada atravesada de rápido efecto y ovación para el catalán.

Cuartero se las vio con un segundo mal picado, un puyazo largo y caído que no ayudó nada. Le costó que el novillo se fijase en la muleta, pero sacó adelante tres tandas por el derecho antes de intentarlo sin fortuna por el izquierdo. Pasaporte al segundo intento y ovación.

El primero de Aparicio llegó sin celo ninguno, y ni siquiera sus intentos de lucirse con el capote a la verónica encontraron respuesta en el animal. Lo peor vino en varas: dos puyazos muy caídos y traseros, con la salida tapada, que la plaza contestó con pitos hacia el caballo. El novillo se vino abajo y se puso a la defensiva, el tercio de banderillas fue un caos en el que Miguel Ángel Ramírez salió enganchado sin consecuencias, y con la muleta el torero de Torre Pacheco apenas pudo esbozar algún pase con el animal ya cerrado en tablas. Tuvo que matarlo pegado a las tablas, jugándosela. Silencio.

El cuarto le tocó de nuevo a Vilau, otro novillo mal picado y sin apenas recorrido, del que el torero fue sacando, uno a uno, los pocos muletazos que daba. Mató de una estocada certera y, pese a una petición muy floja —apenas cuatro pañuelos—, la presidencia le concedió una oreja que se protestó bastante entre el público.

Poca cosa dejó el quinto para Cuartero. Un calco de los anteriores, rajado hacia tablas, del que solo se salvaron dos pares de banderillas de Cristian Expósito. El novillero se lo quitó de encima cuanto antes y la plaza se lo agradeció con silencio.

El sexto y último fue el que de verdad permitió ver algo a Antonio Aparicio. El novillo no se rajó a las tablas y aguantó una tanda entera de muleta, y ahí es donde el murciano sacó su mejor toreo de la tarde, con gusto, por el pitón derecho. Después todo se torció: el animal empezaba el muletazo y se paraba en seco, con la cara arriba, pero Aparicio siguió metiéndose en su terreno sin achantarse. En un desplante el novillo reaccionó y le propinó una aparatosa voltereta que lo tiró al suelo. Se levantó, se quitó la chaquetilla y, así, sin ella, remató de una estocada al segundo intento. La plaza premió el gesto con una oreja que cerró la tarde para el de Torre Pacheco.

Balance final: ovación y oreja para Vilau, ovación y silencio para Cuartero, silencio y oreja para Aparicio, que se despide de Calasparra con la sensación de haber sacado más de lo que el encierro daba de sí, a fuerza de oficio y de no arrugarse cuando el novillo se puso feo.

No es la primera vez que este coso murciano le sonríe. Aparicio, que nació en Torre Pacheco en diciembre de 2007 y lleva la voz de Alfonso Romero como apoderado, ya se había impuesto aquí mismo en la Espiga de Plata antes de dar el salto a los caballos, y su irrupción en el escalafón con picadores fue de las que hacen ilusionarse a la afición de la región: rabo en su presentación en Torre Pacheco y salida a hombros en La Peza en sus dos primeras tardes. La cornada de Blanca frenó ese impulso en pleno verano, pero la oreja de este viernes, con la voltereta y la chaquetilla de por medio, sirve para confirmar que el susto ha quedado atrás y que el camino sigue donde lo dejó.

[Aquí las fotos]

Por Salvador

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